Hermandad de San Gil de Écija

Sus heridas nos han curado



Es la línea del horizonte que perfila muchos de nuestros pueblos y ciudades. Está en el cruce de innumerables caminos. El primer signo sobre la frente cuando -por el Bautismo- recibimos el Espíritu Santo. Pero sobretodo, es la memoria del Amor. La Cruz. Desde que un instrumento de martirio fuera el nuevo templo sobre el que se expresaba la voluntad de amor radical del Padreen el Hijo, la cruz acoge el testimonio de la entrega más coherente. En la cruz están acogidos todos los vencidos de la historia. Porque la Cruz Cristiana conoce la entrega radical en darse de verdad. Nuestra Cruz nace de aquella otra que conoció el Amor, porque lo acogió crucificado. Desde entonces, es fuente de Salud como lo veneramos en nuestra hermandad y en la oración de tantos devotos. Signo de Vida nueva, de que el dolor no es la última palabra, sino el Amor y la esperanza de resucitar de tantas muertes (pobrezas, miserias, soledades). Desde entonces, desde que la cruz tomó la forma de amor del Exaltado, es incluso signo de "perfecta alegría". Por eso la celebramos, porque estamos celebrando la vida nueva, la Pascua, de Aquel que pasó amando y haciendo el bien. Celebramos en este madero que besamos en forma de pequeña cruz, o que rodeamos de flores, el que "sus heridas nos hayan curado". Ha vencido el Amor sobre las palabras de muerte. Jesús, abre el oído para escuchar de labios del Padre unas palabras estremecedoras: "Yo te amo. No te dejaré jamás". Jesús alentado por estas palabras ha ido por los caminos comunicando a todos este amor y este perdón gratuito y sin condiciones.



En medio de la humanidad, tan habituada a recorrer los caminos del dominar, del poder, la presencia del siervo, que se pone en medio para dar la vida es algo inaudito, es como una fuente que mana en el desierto. La Pasión del Siervo de Dios orienta nuestra mirada hacia los marginados y excluidos del mundo entero para poder ver la luz redentora en medio de la oscuridad.



El siervo está envuelto en dolor, pero tiene confianza en Dios, por eso narra con su silencio la fama de Dios y en la cruz entona un cántico de alabanza al Padre del amor.



Jesús se vacía del todo, lo entrega todo. Se hace semejante a los despojados de todo. Dios, en él, se queda sin nada, todo lo da por amor. "Mirarán al que atravesaron" en el relato evangélico de San Juan que se proclama el Viernes Santo. El crucificado nos muestra el nuevo rostro de Dios. Un rostro atravesado por el amor más allá de la cruz y del sufrimiento. El crucificado es el nuevo templo de donde brota sangre y agua, anuncio sacramental de la vida nueva en el bautismo y la eucaristía. Y la vida de todos los que le seguimos y damos testimonio de su amor son las puertas de este nuevo templo. Con lasque podemos abrirlo y anunciar que "hemos conocido el amor" porque hemos visto la cruz, hemos visto al crucificado. Hemos conocido como su mensaje



redentor atraviesa las tinieblas. Después de la cruz el mal no tiene la última palabra sino el amor que se da. A partir del mensaje de la cruz, Dios no está del lado de los que crucifican, está con los crucificados. Y sólo hay una manera de seguirle: estar siempre junto a los que sufren, estar cerca de los que aún no le conocen pero necesitan encontrarse con Él.



Desde el mensaje de amor de la Cruz, ahora sabemos cómo es Dios. A partir de ahí, sólo hay una manera cristiana de vivir: poner vida donde otros ponen muerte. La cruz, pues nos compromete a ser signo de entrega y de amor. A poner una palabra de perdón donde otros solo conocen la violencia y la división. Pongamos sobre la verdadera cruz que lo acogió todo aquello de la vida con lo que no podamos, Él también lo soportará, nos sostendrá y atravesará con su mirada de paz y de misericordia.



Por esto, en unos tiempos de fuerte secularización, alimentada en ocasiones por la falta de ideas, reflexión y tolerancia, desplazar en cualquier forma este signo sagrado para los cristianos, no solo es manifestar una preocupante ignorancia sobre siglos de la historia del cristianismo y su origen, sino querer eliminar de los espacios de la vida y de la sociedad, la "memoria del Justo". Como ha reflexionado, conciliadoramente, un teólogo, querer eliminar, de alguna manera, el signo de la cruz es eliminar la memoria de Aquel que solo “pasó haciendo el bien".



Antes de llegar entre vosotros, hermanos de San Gil, ya sabía el tesoro de fe y devoción que cobijaba nuestra parroquia, en la Capilla Sacramental. Ya intuía como me habían anunciado los ríos de fe que suben hasta los "altos de San Gil" para encontrarse en los caminos de la Vida con el Cristo que acoge todas las heridas del alma, para curarlas. Que solo Él es Salud para los que le buscan con sincero corazón. Llego por todo ello con una enorme acción de gracias para caminar tras sus huellas, haciendo estación con vosotros.

Pablo Colón Perales, Pbro.
Director espiritual